El abuelo fue a la escuela

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El 30 de junio de 2009, y como un ejemplo para generaciones más jóvenes, un abuelo cumplió con una de las misiones más importantes de la vida: enseñar. Ese día, un Ford T de más de 80 años fue motivo de estudio y trabajo para los alumnos de la Escuela Técnica Ing. Cassaffousth. Un grupo de ocho alumnos lo ensambló por completo, partiendo del chasis, en escasas seis horas.

La jornada fue la culminación de un proceso que había comenzado un mes antes, por iniciativa del Primer Club del Ford T de Argentina, con sede en Córdoba. Convencido de que la institución debe trascender hacia la sociedad donde se desarrolla, el Club propuso a los directivos de la escuela este programa, que fue aceptado de muy buen grado y apoyado en todo momento.

Durante el mes de junio se dictaron cuatro clases, una por semana, a los alumnos de los últimos años de la rama automotores: Henry Ford y el modelo T, la caja epicicloidal, el sistema eléctrico y de encendido, y el método de ensamblado. Por supuesto, la que más interés despertaba era la “clase práctica”: el armado completo de un modelo T. Para eso se contó con el aporte de “El Caminante”, un Touring 1926 que se preparó especialmente para la ocasión, con todas sus partes restauradas y pintadas.

Los alumnos seleccionados formaron cuatro equipos de dos “mecánicos” cada uno, con instrucciones paso a paso tomadas del capítulo dos del Manual de Servicio Ford, edición 1927, organizadas para que cada equipo ocupara una posición fija alrededor del chasis y no se estorbaran en el reducido espacio de trabajo. El escenario fue el amplio gimnasio de la escuela, donde desde temprano se podían ver, ya prearmadas, las más de 300 piezas que había que ensamblar.

Los equipos comenzaron a trabajar a las 10 de la mañana, coordinados por miembros del Club, y poco a poco el auto fue tomando forma: el tren delantero, el trasero, la batería, el motor, luego la carrocería, los frenos, la columna de dirección, guardabarros y faldones, radiador, capot, aceite, combustible y agua. A las 16 horas, tras un par de manijazos, el gratificante ronronear del motor despertó la algarabía de los cientos de estudiantes que habían seguido todo el proceso desde las gradas del gimnasio.

Esta actividad, única en el país y muy posiblemente a nivel mundial, habrá cumplido su verdadero objetivo si revaloriza una tarea tan importante para el desarrollo del país como la educación técnica y, sobre todo, si reafirma en estos estudiantes la vocación por los fierros.

Video: youtu.be/akvxBg9pDzc

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