Daniel Bollo

“La urgencia por llegar no nos debe privar del placer del viaje”

por Daniel Bollo

Esta guía está dirigida a aquellos que por fin poseen el paradigma del automóvil. Por algo, luego de un largo proceso de selección del que participaron cientos de expertos, el modelo T fue designado el “Auto del Siglo”: en su concepción reúne las características que luego marcarían el desarrollo de la industria mecánica del siglo XX.

Además de estas características, el modelo “T” es sin duda el auto ideal para restaurar por tres razones: simplicidad, accesibilidad e información:

  • Simplicidad: Su concepción austera y simple prescinde de detalles, accesorios y materiales delicados (como el aluminio), por lo que, para cada modelo de carrocería, es el auto con la menor cantidad de piezas de su época. Los touring últimos modelos (26 y 27), llevan al máximo esa simplicidad, al prescindir de la madera en su construcción, excepto para la fijación de sus tapizados.
  • Accesibilidad: Sus más de 15.000.000 de unidades producidas, de las cuales se calculan en la actualidad 100.000 en funcionamiento, generaron y aún mantienen un mercado económicamente rentable a la fabricación de repuestos y accesorios y hoy es posible armar un modelo T sólo en base a estos repuestos: en el año 2003, centenario de la firma, la Ford Motor Company construyó seis modelos T touring 1914 totalmente nuevos.
  • Información: Su sistema de fabricación a gran escala (se llegó a superar la cifra de 8.500 autos diarios), exigía una rigurosa documentación de sus piezas y los cambios que se realizaban, lo que hoy está representada en una amplia bibliografía que se puede consultar y servir como guía para la tarea de restauración.

Estamos entonces frente a este escenario: tenemos un auto que anhelamos por mucho tiempo y que representa el paradigma del automóvil, deseamos profundamente que recupere el aspecto que tenía cuando salió de fábrica y a su vez, es el auto más fácil de restaurar. ¿Qué puede resultar de todo esto?: ¡sólo un éxito!

Consejos previos

El proceso de restauración que se describe aquí está orientado a la restauración de un modelo T para andar (“to go” como dicen en el norte) y no una restauración de museo, mucho más exigente en detalles externos aunque menos ocupada en la funcionalidad del vehículo.

Nuestro apego a la originalidad debe prevenirnos de los dos extremos que siempre acechan a una restauración: la desprolijidad y la sobrerestauración. El primero es fácilmente entendible y va siempre de la mano del apuro por terminar el trabajo sin cuidar los pasos necesarios. La sobrerestauración acontece cuando caemos en la tentación de “ponerlo más lindo” al Ford de lo que era al momento de salir de fábrica. Cuando ese demonio venga a tentarnos, recordemos que ese auto que poseemos no pasó a la historia por lo bonito ni por su estética: revolucionó el mundo porque era simple, robusto y barato. Si tenemos en mente siempre estas virtudes y tratamos de resaltarlas en nuestro trabajo de restauración, seremos fieles a su legado.

El Ford T fue un auto democrático: permitió a gran cantidad de personas acceder a la movilidad, dado su bajo costo y robustez y lo sigue siendo hoy día, ya que sus poseedores no pertenecen a una elite económica, sino que, como la mayoría de socios y simpatizantes de nuestro Club, restauran y mantienen sus autos aún sacrificando algunos otros gastos familiares.

Soy hombre de una sola mujer y un solo auto. No será tan divertido como otras alternativas, pero me permite dedicarme totalmente a ellos. Con esto quiero hacer hincapié en la concentración de esfuerzos que nos permite el hecho de tener un sólo objetivo. Si contáramos con muchos recursos, es posible encarar más de un proyecto de restauración al mismo tiempo, pero si este no fuera el caso, los tiempos se prolongarán indefinidamente y los resultados no serán los esperados.

El Caminante en restauración

El hecho de encarar uno mismo la tarea de restauración será no solamente beneficioso por el ahorro de dinero que eso significa, sino también porque el dueño de la pieza por restaurar toma un íntimo conocimiento con los mecanismos, experiencia que rendirá sus frutos en forma mediata. Por otro lado soy un convencido que la dedicación y el amor que uno pone en estas tareas, compensa ampliamente nuestra inexperiencia en mecánica. Lo importante es saber cuales son nuestros límites, y superados estos, saber llevarlo a un buen taller esperando que tengan ese mismo cariño por nuestros queridos fierros. En Córdoba, ese cariño lo encontré en el taller de Daniel Misano.

El objetivo de este documento no es abarcar todas las operaciones necesarias para cada tarea, paso a paso, sino referirnos a los problemas más frecuentes que encontraremos en la tarea de restauración y aportar algunos consejos sobre tareas delicadas. Para obtener un detalle exhaustivo de las tareas se deberá recurrir al “Libro de Servicio Ford”, libro al que haremos referencia permanente, ya que lo consideramos imprescindible para la correcta restauración del modelo T.

Antes de comenzar con las tareas específicas de restauración, es IMPRESCINDIBLE conseguir la mayor cantidad de información bibliográfica del Ford T, especialmente el manual “Servicio Ford”, publicación disponible también en castellano, y el libro de Bruce McCalley, “Model T Ford”, donde podremos encontrar detallada cada parte de la carrocería, con cientos de fotografías y comentarios.

También es aconsejable relacionarse con otros propietarios de Fords para intercambiar piezas e información, sobre todo de proveedores y servicios. Para cubrir estas necesidades de bibliografía e información, siempre es una buena alternativa nuestro Club, pero sobre todo, sus socios.

Un buen consejo para quienes vayan a encarar una restauración es no fijarse tiempos ni tener apuro para terminar la tarea. La receta es: sin prisa pero sin pausa. Disfrutemos no solo del producto final sino del proceso para lograrlo. Tengamos siempre presente lo siguiente: La calidad de nuestro trabajo no se medirá por el tiempo que nos insumió la tarea sino por la calidad del producto que logramos.

Bibliografía

  • Richard C. Wheatley y Brian Morgan, “The restoration of vintage and thoroughbred cars”
  • Enrique Sanchez Ortega, “Notas sobre restauración”, 1980, Revista Parabrisas Corsa
  • Ford Motor Company, “Servicio Ford, instrucciones detalladas para el servicio de conservación mecánica de los automóviles Ford”, 1927, Detroit, USA
  • Bruce W. McCalley, “Model T Ford, the car that changed the world”, 1994, Krause Publications
  • Revista Motor, “El Fordista”, 1928, The River Plate Automotive Press
  • Catálogo de repuestos 1922, Ford Motor Company Argentina, 1922, Buenos Aires

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